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JOSEF STALIN

Todos los metales que componían la gran locomotora de acero, cedieron frente a la inevitable realidad que es la no continuidad de su vida.

A la velocidad del rayo, despertaron los enemigos del pueblo Soviético, estos corrieron con rapidez maratonica, para anunciar que el »hombre de Acero» ya no sería un obstáculo en el buro político del Kremlin.

El joven Stalin, apretaba sus puños, y en el Cáucaso se prometia a sí mismo, luchar sin descanso ni cuartel, contra esa odiosa teología zarista, que se creían los enviados de Dios a la tierra.

Los pueblos del mundo dejaron de llorar tú partida, hoy te recuerdan, y leen tus libros que se apilan en las estanterías de nuestro Partido Comunista Chileno acción Proletaria.

Los metales de esa locomotora fantástica y colosal quedaron esparcidos como lluvias Galácticas en el imaginario de los pueblos del mundo.

(Benjamín Caro Morales)

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