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Imagen y política en el octubre chileno

Las revueltas sociales iniciadas en Chile durante octubre de 2019, vuelven a instalar reflexiones respecto al rol del arte político en los procesos de sublevación popular, aunque en un contexto inédito para la realidad local. Las imágenes registradas por la comunidad en largos 18 días de protestas, han constituido parte fundamental de una transformación cultural que boga por romper la estructura social de mercado imperante. Nunca antes un proceso político local había sido registrado por su propia comunidad, abriendo las perspectivas críticas hacia el rol del audiovisual en una sociedad fuertemente politizada.

Junto con tomarse las calles, ha existido también una apropiación de la imagen. Pese a la cantidad de fake news, también han surgido numerosos registros que han ido en contra del monopolio hegemónico de las grandes cadenas televisivas y radiales, surgiendo numerosas preguntas respecto al rol de la imagen en este proceso. La capacidad testimonial y realista de la imagen documental, que surge desde un entramado social desplazado y que resiste las arbitrariedades del modelo, es desde cierta perspectiva la revolución de la imagen frente a la domesticación propuesta por los conglomerados económicos y la intelligentsia político-cultural que administra hoy el reparto de las sensibilidades. La aparente inversión de roles entre “creador” y “público” se dio en la inmediatez con la que operó una cadena de producción y distribución, que establecida desde dentro de la sociedad, permitió denunciar torturas y violencia militar que aún hoy está siendo invisibilizada por los grandes conglomerados exhibidores. Sin proponérselo, la sociedad civil respondió a este control con la misma cadena de procesos con que se hace habitualmente una película, pero sin la necesidad de otros estímulos más que el sentimiento de injusticia.

Estamos al interior de una revolución tanto política como estética, que irremediablemente reinventará las formas de hacer audiovisual en Chile. ¿Cómo registrar una imagen que sea eficaz en términos políticos? ¿Cómo desarticular las prácticas que limitan el audiovisual únicamente a las lógicas de mercado? Bajo el modelo actual, los archivos registrados por las comunidades irremediablemente se perderán, ya que no existen financiamientos basales que permitan su conservación en instituciones públicas dedicadas al tema. Por el contrario, si algún privado es capaz de armar un buen modelo de negocios, podrá recibir financiamiento estatal para lucrar con estos archivos. Este patrón desigual es el que actualmente se coloca en disputa.

Así como hoy cualquier persona se ha convertido en un potencial documentalista, resulta también pertinente plantear la necesidad que ello se canalice al campo de la educación audiovisual. Esto permitirá no solamente que la comunidad sea aún más precisa en los registros que desarrolle, sino que, principalmente, pueda demandar nuevos relatos sociales a partir de la libre circulación del conocimiento, generando estructuras que permitan desarticular las imposiciones de contenidos que actualmente orienta una elite a partir de indicadores de mercado. Mientras exista el modelo imperante, existirán también formas de control a las manifestaciones espontáneas de la imagen y prácticas netamente narcisistas que orientarán el devenir de la imagen. Es por ello que la tensión social ha demandado nuevas relaciones entre imagen y comunidad, ya no desde el antiguo mesianismo institucional, sino en la apropiación de los medios como vehículo de subversión social.

Escrito por: Luis Horta Canales, Académico del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile, Académico de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, colaborador de Remolino Popular.

 

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