Crónicas

El verdadero socialismo del siglo XXI

El slogan “socialismo del siglo XXI”, ha sido, manoseado por amplios sectores políticos hasta el punto de haber provocado una degeneración y malversación de la imagen de lo que es el socialismo. Estos supuestos socialistas del siglo XXI no pueden estar más alejados de Marx y Engels, pues bajo la excusa de “actualizar la teoría de Marx”, han cometido el gran error de intentar reinterpretar el marxismo, sin comprender si quiera su naturaleza científica como un método de estudio, y que como tal, no puede ser “actualizado”. Un científico puede cuestionar una teoría, pero el método científico no puede ser cuestionado pues se basa en las leyes de la naturaleza, de igual forma que el socialismo científico se basa en las leyes de la dialéctica y el materialismo filosófico. El hecho de que estos supuestos “socialistas del siglo XXI”, ignoren estas bases integrantes los hace reformular el socialismo desde un prisma en donde la idea está por sobre la realidad, levantando teorías que caen en la más absurda contradicción con el socialismo científico de Marx, estos oportunistas han tomado los mayores logros prácticos del socialismo y lo han transformado en idea rectora de su nueva interpretación del socialismo, la justicia social y la igualdad.
Como podemos ver, a diferencia del carácter científico del socialismo marxista, en el cual la teoría es producto de un determinado método de estudio, estos oportunistas del siglo XXI desarrollan la teoría a partir de una idea abstracta, en este caso bajo los conceptos de igualdad y justicia social, sin estudiar las condiciones materiales, ni las leyes del desarrollo histórico que permiten alcanzar estos fines, por lo que, se tiende a caer una visión de lo que conlleva la búsqueda de la igualdad y la justicia social acuñada bajo los preceptos ideológicos defendidos históricamente por la clase capitalista que a fin de cuentas no son más que ilusiones para perpetuar su dominio en el poder, tales como, el parlamentarismo, la democracia burguesa, la propiedad privada sobre la producción y la prensa. Si bien, la lucha de un revolucionario no puede ser ajena a esta realidad del sistema capitalista, tampoco puede considerar el error de pensar que dichas estructuras aseguraran la libertad y democracia para el pueblo.
El deber de un verdadero revolucionario debe estar siempre en luchar en todas las veredas contra la clase opresora, sin embargo, su primer deber es estar donde este la clase trabajadora, pues aquel que se llena la boca con un discurso de justicia social pero se limita a vivir el mundillo de la politiquería parlamentaria y universitaria, sin adentrarse en el mundo de las juntas de vecinos, poblaciones, sindicatos y todos aquellos núcleos de lucha que pertenecen directamente a las bases sociales no es más que un oportunista privilegiado, pues los cambios sociales no parten en el congreso ni en los grupos elitistas del intelectualismo universitario, los grandes cambios surgen de las bases sociales, y las vanguardias políticas deben primero comprender eso para poder hacer un trabajo realmente revolucionario en las estructuras políticas de representación. Esta incomprensión de la realidad y del socialismo científico, lleva muchas veces al izquierdista acomodado a burlarse de la clase trabajadora cuando vota por la derecha o tiene actitudes establecidas por la moral dominante, llamándolos despectivamente “fachos pobres”, pero un verdadero revolucionario deberá comprender que no es de extrañarse que en la clase trabajadora abunde ideología burguesa, pues es el pensamiento establecido por el sistema, y en aquellos sectores donde la lucha esté más retrasada sería hasta extraño esperar que exista la contradicción necesaria para que se produzca un pensamiento que sea antagónico al dominante, o mejor dicho para que se reproduzca una conciencia de clase con su respectiva ideología de clase trabajadora.
Es por eso que el verdadero revolucionario en vez de despreciar a los sectores de la clase trabajadora donde aún no se hayan producido las condiciones necesarias de lucha, y existan actitudes individualistas, machistas, homofóbicas y nocivas para la propia clase, deberá formarse lo necesario en el estudio de la dialéctica-materialista para tener las herramientas necesarias con las que pueda agitar y organizar como clase hasta aquellos sectores más reaccionarios, pues el deber de un revolucionario no es imponer ideas al trabajador, sino crear las condiciones materiales necesarias para que estas ideas surjan como antagonismo a la ideología dominante.
Para tener un verdadero socialismo del siglo XXI, no se puede rechazar el estudio del marxismo-leninismo, por el contrario, el comprender cuales son las condiciones materiales que a futuro le permitirán a la clase trabajadora alcanzar el socialismo es menester de las herramientas legadas por la dialéctica-materialista.

Escrito por nuestro Colaborador Juan Pablo Soto