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LOS DE LA VICTORIA

Triste niños Alemanes que nacieron y se criaron en tierras extranjeras.
Han pasado más de siete décadas desde que la vergüenza y la insidia de sus progenitores no cesan de oprimir sus corazones. Los hijos de nadie, los indeseados.

Berta miraba los trigos de color dorado y buscaba a su mamá que un día le dejo y nunca más la vio. Dorados eran los cabellos de esa joven Alemana que la había anidado en su vientre, con miedo a lo que dirían los renegados de las Schutzstaffel SS… esos miserables llegaron a Sudamérica, ya no oprimiendo a los pobres Judíos, Gitanos y Comunistas, sino a sus mismos críos.

Berta creció sabiendo que ella no era ella, que sus tíos no eran sus tíos que sus primos no eran de su linaje. Que cuando alguien le llamaba hija, no se referían a ella. Que su padre, nunca arrullaría a sus nietos, que sus medias hermanas, eran eso medias tintas… aunque ellas se aman, pero el amor no puede ser un producto privado entre algunos. Berta nunca pidió ni ex siguió nada. Guardó silencio indefinido.

Ella siente una alegría al recordar que el nueve de mayo de 1945 las tropas del ejército Sovietico, entraron en Berlín y la cuidad fue liberada, y La Roja bandera del Partido bolchevique fue instalada.

Ella sentía el dolor de los judíos, gitanos y comunistas. Sabía por su propia vivencia que era ser oprimido y negado.

Es por esa razón, que ahora con sus más de setenta años y mirarando en retrospectiva ya no siente dolor se refugió en el perdón.

(Benjamin caro morales)

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