Crónicas Deporte y Cultura Popular

UN CHILE Y DOS PABLOS

Como empezar una letra guerrera sin esquivar las olas de fuego que salen de las bocas furibundas de los eruditos que suelen hacer eco de sus instintos acomodaticios y fraudulentos.

¡Es compleja nuestra narrativa nacional!

¿Quién puede decir que obra es mejor, o menos acogedora al público?

Un Chile y dos Pablos, para colmo de las casualidades los dos fueron Poetas y Comunistas. Se habré la brecha entre ambos maestros de la palabra cuando las verdades universales necesitaron sellarse con nombres; ahí estabas tu querido poeta, no las disfrazaste las dijiste tal cual las pensabas:

!Canto al ejército Rojo¡
!Viva la Republica de los Soviet¡

No te fuiste a las alturas, ni te mareaste con el machupichu.
Pablo de Rohka viajaste por tu país sin medir ni acomodar tu obituario de pensamiento revolucionario.

Eras el Comunista convencido que caminabas sin sigilo, a sabiendas que los pro-Kruschovistas te querían fuera de su vista.

No té atormentaba el poeta gordinflón, con su cara simpática y bonachón que se presentaba frente al publico, y a toda la nación, cuando se trataba de hablar de sus odas de amor.

Esa generación del treinta que se acomodó al surrealismo, para mirar y encontrar en ellos mismo, una suerte de contemplación burguesa que la guerra les arrebatara en los burdeles y los dejara a un costado de sus princesas, perfumadas y desaliñadas, entre sus carísias de asalariadas de noches bien amadas.

Tú camarada no te subiste a ese carro desbordante de los acomodos fetichistas de Neruda, y su onda vanguardista.

El premio nacional de literatura que recibiste en 1965, no te confundió, no buscaste agregarte a la facilidad diplomática, para depositar tu intelecto y después sacar de tu chistera una producción pagada por el erario nacional. Lo tuyo fue distinto, te quedaste acariciando las hojas simples y comprometidas de los árboles frondosos que otros osaban despreciar. Dibujaste y luego pintaste en tela gruesa, toda la entereza del arte proletario.

Un Chile y un Pablo, de Roca su armadura para las frías tempestades literarias y políticas, de un país que solía mirar el arte proletario por encima del hombro, así lo hacían los burgués y sus lacayos.

(Benjamin Caro Morales)

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