Crónicas

REBELIÓN DE LAS FÉMINAS

Mi hermana Maria, se escondía detrás de las trenzas que nuestra madre le hacía.

Ella jugaba y esperaba salir rápido del colegio, para sentirse útil apoyando a nuestra madre que trabajaba y se deslomaba para que nunca nada nos faltara.

Nuestra Madre horneaba el pan que ella misma amasaba con cariño, sus manitas las tenía cubiertas con la harina del trigo, que las yaguas muelen en la trillada de cada temporada.

Mientras eso ocurría podíamos ver sus ojitos brillar de Alegría, porque ella recibía de forma clandestina la luz que los pobres necesitan para iluminar sus días.

¡El manifiesto Comunista, mi vieja lo leí cuando nosotros dormíamos!

Ella nos entregó y nos sigue entregando versos tomados prestados de Marx, Engels, Lenin y Stalin.

Después, ella supo que ese manifiesto no era un texto de poesía, sino la consecuencia inevitable si los pobres luchan unidos por el pan.

Ella, no fue al colegio. Ella, no pasó por la universidad. Ella, no escucho hablar de Gabriela Mistral, tampoco leyó a Luisa Bombal.

Mi hermana Maria, se instruía no decía nada, solo cosechaba en su mente la tranquilidad que a nuestra madre le regalaría.

Mi hermana Maria, se hizo militante del Partido Comunista Chileno Acción Proletaria, y desde ese día hasta hoy su entrega no tiene parangón.

Mi hermana Maria engroso las filas del batallón de acero, canción que nuestro amado Camarada Juan Muñoz Pollier compuso para hacernos pensar aún más en la lucha por el socialismo.

Mi hermana Maria, junto a otras mujeres va caminando y les va contando de la importancia de no doblegarse, aunque la batalla es cruenta y muchas veces desgarradora, pero sepan lo muy  bien, no estamos solas, tenemos La Luz de los pobres esa que nos ilumina.

(Benjamin Caro Morales)

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